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CABRERA TIENE PLASTICOS A 8 METROS DE PROFUNDIDAD.

El Proyecto Marcabrera con sus 4.952 horas/año de navegación sobre ese Mediterráneo que tanto respeta lleva ya años haciendo especial incidencia, a través de sus noticias y comunicados, en el tema de los plásticos en el mar al ser testigo activo de su nefasta evolución.

 

El Centro Oceanográfico de Baleares/COB[1] lleva cuatro años realizando diferentes estudios científicos para analizar el fenómeno del plástico en el mar, desde la aplicación de modelos para hacer predicciones sobre la distribución de las basuras marinas a los impactos ecológicos que puedan tener los microplásticos en la biodiversidad del mar Mediterráneo. 

 

Durante este verano el COB[2], está coordinando una campaña de muestreos cuyo objetivo es determinar la concentración de microplásticos flotantes en aguas costeras de Mallorca. Los muestreos se han realizado en siete zonas de Mallorca: Sóller, Palma, Andratx, Colònia de Sant Jordi, C’an Picafort, Cala Rajada y Cala d'Or. Hasta el día de hoy, se han encontrado tanto micro como macroplásticos en todas las muestras de agua analizadas.

 

Se ha encontrado plásticos en aguas del Parque Nacional de Cabrera a ocho metros de profundidad.

 

En los últimos años se han iniciado campañas para tomar conciencia de este asunto y cada vez es más habitual que todo tipo de entidades, el Proyecto Marcabrera también, realicen limpiezas de basuras en el litoral, tanto en el mar como en playas y costas Este mismo verano, el Rainbow Warrior, buque insignia de Greenpeace, ha visitado Valencia, Palma y Barcelona para poner en evidencia el perjuicio que el plástico está ocasionando en el Mediterráneo y que la entidad conservacionista calificó de «invasión silenciosa con una magnitud que nadie podría imaginar».

 

Desde el Proyecto Marcabrera creemos que el problema es de gran calado. Una vez que los plásticos entran en el mar, estos pueden causar diferentes impactos como el enredo, la ingestión o la colonización, que puede producir un efecto perjudicial en la biota marina y ya está comprobado que forman parte de la cadena trófica marina y están presentes en la comida que ingerimos. Los aspectos nocivos están documentados, los plásticos llevan elementos tóxicos para los seres humanos y los animales pues causan problemas de fertilidad, entre otros muchos.

 

Los científicos han constatado que las Baleares son un punto caliente de acumulación de plásticos y también una importante fuente de aporte de este tipo de basura. Las corrientes marinas y el uso intensivo de la costa han elevado la contaminación marina en el archipiélago, una circunstancia que además de generar un problema ambiental pueden legar a arruinar la principal industria de las islas: el turismo.

 

La forma en la que los plásticos terminan en el mar es de lo más variada: los que lanzan directamente al mar personas en embarcaciones o desde la costa, los que trae el viento o el cauce de los torrentes cada vez que hay lluvias o los que diariamente arrojan al mar las depuradoras, ya que estas no tienen sistemas para filtrar los micro plásticos.

 

¿Pero toda la responsabilidad es nuestra?

 

¿Es nuestra responsabilidad que la recogida de los residuos separados no sea efectiva?, ¿ó que el 50% del plástico acabe en vertederos?, ¿o que no haya alternativas a productos sin envasar?

 

La respuesta es no, no somos los más responsables. En la invasión del plástico hay una gran responsabilidad por parte de quienes hacen las leyes que legislan cómo se gestionan los residuos y más importante, qué se puede poner a la venta. Y ahí está la clave, porque solo con reciclar no vamos a solucionar este problema. Hay que ir al origen, a donde se producen los envases. Y ¿a quién nos encontramos ahí?, a las marcas y sus grupos de presión sobre los políticos.

 

Los envases de un solo uso han proliferado a lo loco, con todo tipo de formatos tamaños y composición. Y las empresas que los fabrican no se hacen responsables de los residuos[3] que generan sus productos, trasladándonos a nosotros esa responsabilidad bien sea directamente a través de la separación en contenedores o a través de nuestros impuestos.

 

Para resolver un problema no solo hay que ir a las consecuencias, el mayor esfuerzo debe hacerse en corregir el problema desde su inicio, desde la misma concepción industrial occidental.

 

 

REDACCIÓN MARCABRERA

 


[1] http://www.ba.ieo.es

[2]  Investigadora predoctoral Montserrat Compa.

[3] Financiar un sistema de recogida de residuos claramente ineficiente no es asumir la responsabilidad.